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Rigoberta Bandini consolida su fenómeno en Santiago de Compostela

La cantante catalana hizo una actuación a la altura de su nombre Ana Ramos.

Fotógrafa: Olalla Tellería

Marzo de 2020. Incertidumbre, miedos, inseguridades y problemas inundaban a un planeta, estábamos en una pandemia mundial y lo único que supe hacer para salvar el mundo fue refugiarme en las series. Me uní al fenómeno de Veneno -serie creada por ‘los Javis’ que narra la vida de una mujer libre, luchadora y divertida; Cristina, ‘La Veneno’- y sin darme cuenta descubría otro: Rigoberta Bandini. La cantante catalana, también conocida como Paula Ribó, se dio a conocer durante el confinamiento para hacerlo más ameno con sus canciones y mantenernos en alerta ante cualquier novedad suya.

El pasado 3 de octubre actuó por primera vez en Santiago de Compostela en el Auditorio de Galicia, también era la primera vez que la veía en directo y aunque estaba emocionada -¿quién no se emociona al asistir a un concierto después de estos meses de pandemia?-, sentía ciertos nervios por tener la expectativas tan altas. Después de ver a Rigoberta en directo solo pido una cosa: poder seguir viéndola toda una vida.

Rigoberta Bandini en Santiago de Compostela
Fotógrafa: Olalla Tellería

Rigoberta Bandini empezó su concierto saludando educadamente con un “Hi, I just wanna say hello”, dando paso a su primer single In Spain we call it soledad y en Galicia we call it temazo por lo que se iniciaron los primeros aplausos y bailes en las -frustrantes- sillas (estas por lo menos no eran de plástico). Desde ese primer momento, Rigoberta se entregó de lleno al público junto con su familiar banda formada por su pareja, miembro también del dúo humorista Vengamonjas, Esteban Navarro al teclado y a la parte cómica del espectáculo, su prima Belén Banerys voz secundaria -que no menos importante porque pedazo voz- y su primo Juanma Banerys a la percusión, este último cobró bastante protagonismo durante el concierto ya que coincidió con su cumpleaños y los asistentes no dudamos en cantarle el “cumpleaños feliz” y gritar de vez en cuando “Juanito, Juanito, Juanito”, siguiendo las órdenes de Rigoberta. El ritmo bajó un poco con Fiesta, pero la “fiesta” ya la traía la propia Rigoberta y su grupo.

Rigoberta Bandini en Santiago de Compostela
Fotógrafa: Olalla Tellería

A pesar de tener un reducido número de canciones que componen su discografía pudimos escuchar cada una de ellas. La potencial voz de Rigoberta se vio reflejada en Que Cristo baje cantando en distintos registros, algo que también hizo en su canción The fuck fuck fuck poem con una espectacular puesta en escena por parte suya y de Belén Banerys. También nos brindó con dos versiones de algunos de sus referentes. Uno de ellos fue Jaume Sisa y su Qualsevolt nit pot sortit el sol y la otra, más conocida por el público gallego, fue Marisol -“la más grande” en palabras de Rigoberta- y su Corazón contento, ambas canciones con el toque original y representativo electrónico de la cantante. También nos brindó con un tema inédito que explicó que lo escribió cuando estaba aislada por covid en su habitación, invadida por la nostalgia de pasar tiempo con su hijo, al cual también le dedicó Cuando tú nazcas, una versión de la canción de Mocedades.

Rigoberta Bandini en Santiago de Compostela
Fotógrafa: Olalla Tellería

La cantante también tuvo tiempo para socializar y compartir complicidad con el público haciendo gala de su humor y dándole las gracias por gastar el dinero en una entrada en estos tiempos, de la misma forma que agradeció estar cumpliendo todas las medidas del protocolo, a pesar de lo difícil que resulta estar sentada mientras estás en un concierto de Rigoberta. “¡Queremos bailar!” le gritaba una asistente a la cantante y ella comentaba que lo comprendía y que esta iba a ser la última vez que iba a ser así, “y sino ya me encargaré yo” advertía. Los

últimos rayos de sol del verano llegaron con A ver qué pasa, y a pesar de que en Galicia tenemos buen gusto y somos más de Estrella Galicia que de Damm, no dudamos en seguir moviendo los brazos y bailar en nuestras sillas.

Y llegó el momento. El momento que cada una de las personas del concierto estábamos esperando. Llegaba el momento de Perra. “¿Cuántas perras hay aquí?” preguntaba, y el Auditorio se vino abajo por los gritos, algunos aullidos, y aplausos del público; había muchas perras porque todas lo éramos y nadie nos podía prohibir ladrar. Y al igual que algunas veces en la lucha feminista hay que romper las reglas para que se haga justicia, en un concierto también, y el público no pudo contener sus ganas de levantarse de la silla para poder saltar y cantar haciendo un macroaquelarre feminista. “Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa” como diría Emma Goldman.
La canción se ha convertido en un himno feminista gracias a encadenar versos reinvindicativos en su búsqueda de arrebatarle el significado despectivo de la propia palabra. A todas nos han llamado perras, zorras, putas (Zahara estamos contigo y siempre lo estaremos) y un largo etcétera. Ahora podemos contestarle “por favor dejadme serlo” gracias a Rigoberta y a todas las perras que nos han ayudado a las mujeres hacia el camino de la liberalización. En ese momento, se me pasaron por la cabeza muchos nombres; el primero -evidentemente- el de la propia Rigoberta por hacerle una canción a esa “habitación propia” que escribía Virgina Woolf y que cada una de nosotras debería de tener. En mi cabeza también estaban todas las mujeres sabias e invisibilizadas (escritoras, cantantes, directoras, pintoras…) que no he podido estudiar o que no he podido descubrir después de años a saber porqué, y que he tenido que investigar a lo largo de mi vida (al igual eran demasiado perras). Y, desde luego, el máximo pensamiento estaba en mis amigas. Desde el primer momento que escuché la canción les decía que ojalá llegase el momento de poder bailarla y cantarla en un concierto juntas. Ese momento llegó, y no podía parar de imaginar en abrazar a mi amiga sentada a mi lado y emocionarnos juntas porque, por fin, nos dejaron ser perras.

Rigoberta Bandini en Santiago de Compostela
Fotógrafa: Olalla Tellería

Todo lo bueno se acaba, y el concierto de Rigoberta Bandini no iba a ser menos. Lo hizo con el tema que le llevó a la fama y el que sonó en Veneno; Too many drugs, incluido el remix del tema que hizo que los asistentes se volviesen a levantar de la silla -sin moverse de ella que no cunda el pánico-. El público pedía más y Rigoberta no tenía más temas que ofrecer, por lo que improvisó y se despidió con un “Hi, I just wanna say bye” para volver a cantar In Spain we call it soledad, y el público volvió a responder con la misma energía que al principio.

“Rigoberta es el futuro” se escuchaba. Rigoberta no es el futuro, Rigoberta es el presente, un presente que cada vez más -y por fin- está dejando hueco a mujeres libres de crear y difundir su trabajo para que las niñas del futuro no tengan que investigarlas por sí mismas. Un presente también que nos está intentando silenciar, como lo hicieron con La Veneno, pero seguiremos cantando sin bozal que somos, y siempre seremos, unas perras.

 

Redactora: Ana Ramos Bermúdez

Rigoberta Bandini en Santiago de Compostela
Fotógrafa: Olalla Tellería

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